Tuesday, July 26, 2011

Panama

1. PANAMÁ: ¡El Canal es nuestro!

"Vino del mar a trabajar en la selva y construir el canal...
al chino y al negro les pagaban en plata, al hombre blanco en oro,
pero la fiebre amarilla se llevó el alma de todos"
Rubén Blades, cantautor.

El pretexto para venir a Centroamérica es un encuentro de biblistas populares que organiza el DEI de Costa Rica. Con tiempo nos hemos comunicado los cuatro participantes mexicanos para coincidir en el aeropuerto de Panamá, y de allí iniciar un viaje como mochileros siguiendo la carretera panamericana (CA 1) por autobús, durmiendo en hoteles baratos país por país hasta llegar a México, los que podamos. Nos encontramos, pues, algunos con su pareja y otros solos, disponiéndonos a pasar unos días en esta nación istmeña antes de enfilarnos hacia Costa Rica. Pocos días, visita superficial en esta pequeña nación donde no tenemos contacto con nadie, pero sin embargo intentamos abrir los ojos y el corazón para desentrañar los paisajes y las gentes.

La primera impresión de ciudad de Panamá son los altos rascacielos que se elevan en el sector financiero y dan a esta capital una apariencia de pequeño Hong Kong. Los compañeros venimos de Campeche, Yucatán y Oaxaca, y nunca habíamos estado en estos lares, relativamente cercanos pero desconocidos hasta ahora. No conociendo a nadie por acá, decidimos hospedarnos en un hotelito del casco antiguo y, de repente, un cálido ambiente caribeño nos acoge: el calor húmedo, la gente mulata y bulliciosa, la música de salsa que sale de los radios de las casas en este sector de la capital que está en reconstrucción y recuerda a la Habana Vieja. Policías turísticos abundan por doquier y nos advierten que tengamos cuidado con los asaltos.

Dando un paseo por las calles, nos sorprende la variedad racial de Panamá, a mi gusto la capital más interesante de Centroamérica por lo mismo y por su ubicación a la orilla del Océano Pacífico. Los chinos controlan lavanderías y tiendas de abarrotes -nos dice un policía- los hindúes las agencias de coches, los árabes restaurantes, los gallegos mueblerías y, los judíos los bienes raíces... La construcción del Canal derivó en una variopinta inmigración hace casi cien años, y Panamá continúa siendo un centro del capital y del trabajo.
Este país es hechura de los gringos, quienes lo cercenaron de Colombia en 1903, para tener manos libres en la construcción del canal interoceánico, en torno al cual gira casi todo por acá. Un bonito museo muestra con detalle la historia del mismo, y me llama la atención la cantidad de gente que llegó de todas partes a trabajar en esta difícil empresa que se cobró miles de víctimas, sobre todo por la fiebre amarilla, y también cómo se fue forjando una identidad nacional, en torno precisamente del rechazo a la ocupación estadounidense del país.

Por las calles, inconfundibles por los multicolores trajes de sus mujeres, los indios kuna están presentes. No se habla mucho de ellos fuera, pero alguien nos dice luego que su provincia, Kuna Yala, es un ejemplo de autogobierno, logrando el éxito en el difícil balance de turismo y conservación de la propia cultura originaria.

Luego de un par de días rondando libremente por calles y museos, decidimos contratar un taxi para visitar los lugares más apartados. El taxista resulta ser un negrazo parecido a Mike Tyson, presumido y simpático. Nos dice que acaba de regresar de Madrid, donde trabajó de taxista y de "gigoló" por varios años. "Usté sabe" -nos decía en su rápido acento caribeño- "las españolas se mueren por los atributos de los negros y allí saqué mucho dinero; mi mujer lo sabía, pero había que ahorrar para construir la casa". Con Daniel, el taxista, visitamos las exclusas de Miraflores, las ruinas del Viejo Panamá, los barrios populares a donde le pedimos que nos llevara y el lugar donde fueron masacrados unos jóvenes universitarios el los 60s, mientras protestaban la ocupación extranjera de su territorio.

Durante la visita Daniel se hizo amigo nuestro y por la noche decidió invitarnos a cenar a su casa, con su mujer y sus dos hijas pequeñas. Vive en el barrio El Chorrillo, tristemente famoso por su marginación y por haber sido el más castigado durante la invasión de papáBush en 1989. Había que deshacerse de Noriega, el engendro incómodo creado por la CÍA que en un momento resultó inmanejable y corrupto de más. Con lágrimas en los ojos, Daniel dos cuenta que fue un bombardeo terrible, donde cientos de marines atacaron varias secciones de la capital en búsqueda de Noriega (quien se había refugiado en la embajada de El Vaticano), y en esa invasión murieron más de 200 civiles y quedaron destruidas las viviendas de decenas de miles de personas humildes. Él tenía 15 años entonces y perdió a su madre-

En el año 2000, el Canal pasó a manos panameñas y, contra todo pronóstico los locales lo han manejado con gran eficiencia, emprendiendo incluso un ambicioso proyecto de ampliación ya en marcha, que emplea a decenas de miles de trabajadores.
"Durante diez años el canal ha sido nuestro... ¿Lo es en realidad?" -nos dice el humilde mesero de un restaurante callejero en el barrio Río Abajo- "El canal nos deja una millonada diariamente, pero la élite es la que se enriquece, pues nosotros no vemos mejora en nuestras vidas. La presidencia Moscoso vivió obsesionada por traer a nuestra tierra el concurso Miss Universo, Martín Torrijos (hijo del célebre general) se vio envuelto en casos de corrupción, y ahora Martinelli, un rico empresario, sigue con la misma política de generar inversiones y riqueza, la cual se queda allá arriba y no nos baja a los pobres".

Busco sin éxito a José María Vigil, el editor de la Agenda Latinoamericana, quien sé que vive aquí, pero en su casa de los claretianos me dicen que anda fuera, precisamente promoviendo la edición 2011 de la agenda. Cenamos en el café "Coca Cola", precisamente en la mesa donde nos dicen comieron los hermanos Raúl y Fidel Castro con el Ché... "¿Dónde no anduvieron esos tipos?" Pregunta Mario, el simpático catequista maya de Campeche, que nos acompaña en este viaje.

Abordamos, luego de 5 días en Panamá, el autobús que nos lleva hacia Costa Rica rumbo al oeste, enmedio de selvas y verdes campos de piña y tabaco. Pasamos por la provincia de Veraguas, donde el infame conquistador Pedrárias Dávila hizo matanzas de indígenas hace casi cinco siglos. Por último, la provincia de Chiriquí nos alegra la vista con sus paisajes de montaña y pinos, para llegar finalmente al vecino Costa Rica.

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