NICARAGUA: "SOCIALISTA, CRISTIANA Y SOLIDARIA"
"Ay Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer
Mi pasión se enterró en el surco de tu querencia como un granito de maíz,
Ay Nicaragua, sos más dulcita que la mielita de Tamagás,
Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más"
Carlos Mejía Godoy, cantautor
Al cruzar la aduana de Peñas Blancas desde Costa Rica hacia Nicaragua, un pequeño ejército de ambulantes nos asedia para vendernos productos chatarra o cambiar dólares, colones o córdobas. La espera para el sello de nuestros pasaportes se vuelve interminable y los pasajeros del TicaBus nos armamos de paciencia. Esto me da tiempo para recordar mi anterior viaje a este país hace ya muchos años, en 1988.
Eran tiempos muy difíciles. La guerra fría se libraba en América Central y Nicaragua sufría el asedio de los "contras", mercenarios apoyados por el gobierno de Reagan, quienes desde las vecinas Costa Rica y sobre todo Honduras, invadían, destruían cuanto encontraban a su paso y ponían en jaque a los sandinistas.
Yo había sido invitado por una delegación de Amnistía Internacional para observar y documentar esos terribles sucesos, pero quienes llevaban la iniciativa eran representantes de AI secciónes Holanda, Nueva Zelanda y Dinamarca. Sobra decir que lo que vimos fue terrible: escuelas y clínicas incendiadas, campesinos mutilados, campos de cultivo destruidos... al final nos entrevistamos con varios jefes de los "contras" y con el entonces y ahora presidente: Daniel Ortega.
Al comenzar nuestra ruta por tierras nicas, pronto aparece el paisaje majestuoso del enorme Lago Nicaragua y los conos perfectos de sus volcanes en la isla Ometepe. El paisaje es verde y lozano, los pueblitos, muy pobres, se suceden en la ribera del lago uno tras otro. Viajamos ocho compañeros en el autobús hacia Granada,entre ellos cuatro nicaragüenses del Encuentro bíblico en Costa Rica. A uno de ellos, José, le pregunto cuándo y por qué se jodió Nicaragua, luego de tantas expectativas en la revolución sandinista.
"Mira", - me dice muy formal- "La cosa nació jodida de por sí. Los gringos no dieron ninguna chance a la revolución para comenzar dignamente, y todo fue navegar contracorriente. Te puedo decir que Nicaragua se jodió por el asedio contras-yanquis al sandinismo, por la corrupción de los gobiernos que siguieron (Violeta Chamorro, Alemán) y por los muchos errores de los mismos sandinistas. Daniel Ortega ya no es el joven idealista de los 80s, sino un dictadorzuelo que se quiere perpetrar en el poder y que si continúa, es porque está apoyado por los petrodólares de Chávez y los cárteles del narco, esto desde tiempos de Escobar. Los padres Ernesto y Fernando cardenal, el entonces vicepresidente Sergio Ramírez y otros de sus excolegas, lo fueron abandonando poco a poco, decepcionados por las corruptelas de Ortega y sus secuaces. Todo mundo sabe que abusó de su hijastra, que hizo fraude en las pasadas elecciones y que cooptó a la jerarquía de la iglesia católica, con la que antes vivía en pleitos permanentes".
Entre escuhar la plática interesantísima de José y admirar el paisaje, llegamos a la hermosísima ciudad de Granada, donde dos de nuestros compañeros residen y trabajan. Granada vive del turismo extranjero; situada a orillas del gran lago, con sus calles empedradas y sus bellos edificios estilo colonial, esta ciudad encanta. Disfrutamos de la hospitalidad de nuestros compañeros granadinos por dos días, y luego nos embarcamos en el lago con José y Alberto, los otros dos nicas, para dirigirnos hasta el archipiélago de Solentiname, donde vive Alberto.
El paisaje es un paraíso. Alberto nos cuenta que su padre fue parte de esos catequistas que trabajaron muy cerca de Ernesto Cardenal, el sacerdote-poeta-sandinista-ministro de cultura quien, en base a sus experiencias pastorales, escribió los célebres "Evangelios de Solentiname", donde campesinos y pescadores tomaban la palabra en las reflexiones comunitarias.
Ese mismo día, con José de nuevo, nos dirigimos en lancha hasta San Carlos, donde él vive con su mujer e hija, y gozamos de su hospitalidad por dos días.
Le pregunto por su trabajo. "Yo soy de Moyogalpa pero ya tengo varios años aquí" -comienza- "Al principio, quienes estábamos en una línea por la Teología de la Liberación no éramos bien vistos por la jerarquía, pero ahora nos toleran, sacerdotes y obispos nos ven como un mal menor ante el crecimiento imparable de las sectas, y aquí seguimos, sin mucho apoyo institucional pero sin muchas trabas tampoco. Siempre hay un buen número de católicos que desean integrar a su fe el compromiso social y ecológico. Además muchos de nosotros somos críticos con el actual gobierno y luchamos a nivel local por alternativas que le den algo de esperanza a la gente... allí vamos".
De regreso a Granada, pasamos por Masaya y observamos su volcán echando fumarolas, luego arribamos a la capital, Managua, sólo por una tarde porque nos han dicho que no es muy atractiva, y es verdad. Desde el terremoto de 1972, Managua no se ha reconstruido y parece que le falta alma, identidad de ciudad: mucha miseria, mugre, y por doquier grandes espectaculares con la foto de Ortega, anunciando "Una Nicaragua socialista, cristiana y solidaria" ¿Solidaria con quién?
Esa tarde visitamos un centro comercial en la capital nica, buscando algunos libros y preguntándonos qué queda de la revolución sandinista. de repente hay un zafarrancho. Policías arremeten contyra chicos de la calle que forzaron una tienda y se robaron ropa deportica y, de paso, hamburguesas de un McDonald's.
Al día siguiente, de madrugada, el autobús nos lleva hacia la parte norte del país, por las verdes montañas de lasSegovias y Palacagüina hasta Estelí, donde paramos para almorzar. Recuerdo esa ciudad, donde una comunidad marista nos acogió hace 22 años en aquel mi primer viaje, y recuerdo más vivamente a Ocotal, donde los contras castigaron con gran dureza tanto a la población civil campesina como los cafetales a punto para la cosecha.
Siento una profunda tristeza por Nicaragua: sus paisajes preciosos, su gente combativa y hospitalaria que fueron acosados por el imperio gringo primero, y traicionados más tarde por la corrupción y ambición de sus líderes.
Luego de cruzar otra frontera de nuevo, recorremos sólo 100 kms de territorio hondureño y paramos en Choluteca, pero no da tiempo más que para comer allí en un restaurantito en su arbolado "parque central". Apenas cruzamos Honduras de manera tangencial, pero no me olvido que esa empobrecida nación ha sufrido con saña últimamente debido a sus impresentables élites políticas: el presidente Zelaya, una especie de Fox versión bananera que también coqueteó con el poder indefinido, luego el sainete del congreso con el consiguiente golpe de estado, elecciones y una larga etcétera donde el pueblo pobre siempre pierde y no le queda más remedio que resignarse a su miseria o tratar de emigrar a Estados Unidos, con el añadido infierno de tener que cruzar México en el intento.
"Ay Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer
Mi pasión se enterró en el surco de tu querencia como un granito de maíz,
Ay Nicaragua, sos más dulcita que la mielita de Tamagás,
Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más"
Carlos Mejía Godoy, cantautor
Al cruzar la aduana de Peñas Blancas desde Costa Rica hacia Nicaragua, un pequeño ejército de ambulantes nos asedia para vendernos productos chatarra o cambiar dólares, colones o córdobas. La espera para el sello de nuestros pasaportes se vuelve interminable y los pasajeros del TicaBus nos armamos de paciencia. Esto me da tiempo para recordar mi anterior viaje a este país hace ya muchos años, en 1988.
Eran tiempos muy difíciles. La guerra fría se libraba en América Central y Nicaragua sufría el asedio de los "contras", mercenarios apoyados por el gobierno de Reagan, quienes desde las vecinas Costa Rica y sobre todo Honduras, invadían, destruían cuanto encontraban a su paso y ponían en jaque a los sandinistas.
Yo había sido invitado por una delegación de Amnistía Internacional para observar y documentar esos terribles sucesos, pero quienes llevaban la iniciativa eran representantes de AI secciónes Holanda, Nueva Zelanda y Dinamarca. Sobra decir que lo que vimos fue terrible: escuelas y clínicas incendiadas, campesinos mutilados, campos de cultivo destruidos... al final nos entrevistamos con varios jefes de los "contras" y con el entonces y ahora presidente: Daniel Ortega.
Al comenzar nuestra ruta por tierras nicas, pronto aparece el paisaje majestuoso del enorme Lago Nicaragua y los conos perfectos de sus volcanes en la isla Ometepe. El paisaje es verde y lozano, los pueblitos, muy pobres, se suceden en la ribera del lago uno tras otro. Viajamos ocho compañeros en el autobús hacia Granada,entre ellos cuatro nicaragüenses del Encuentro bíblico en Costa Rica. A uno de ellos, José, le pregunto cuándo y por qué se jodió Nicaragua, luego de tantas expectativas en la revolución sandinista.
"Mira", - me dice muy formal- "La cosa nació jodida de por sí. Los gringos no dieron ninguna chance a la revolución para comenzar dignamente, y todo fue navegar contracorriente. Te puedo decir que Nicaragua se jodió por el asedio contras-yanquis al sandinismo, por la corrupción de los gobiernos que siguieron (Violeta Chamorro, Alemán) y por los muchos errores de los mismos sandinistas. Daniel Ortega ya no es el joven idealista de los 80s, sino un dictadorzuelo que se quiere perpetrar en el poder y que si continúa, es porque está apoyado por los petrodólares de Chávez y los cárteles del narco, esto desde tiempos de Escobar. Los padres Ernesto y Fernando cardenal, el entonces vicepresidente Sergio Ramírez y otros de sus excolegas, lo fueron abandonando poco a poco, decepcionados por las corruptelas de Ortega y sus secuaces. Todo mundo sabe que abusó de su hijastra, que hizo fraude en las pasadas elecciones y que cooptó a la jerarquía de la iglesia católica, con la que antes vivía en pleitos permanentes".
Entre escuhar la plática interesantísima de José y admirar el paisaje, llegamos a la hermosísima ciudad de Granada, donde dos de nuestros compañeros residen y trabajan. Granada vive del turismo extranjero; situada a orillas del gran lago, con sus calles empedradas y sus bellos edificios estilo colonial, esta ciudad encanta. Disfrutamos de la hospitalidad de nuestros compañeros granadinos por dos días, y luego nos embarcamos en el lago con José y Alberto, los otros dos nicas, para dirigirnos hasta el archipiélago de Solentiname, donde vive Alberto.
El paisaje es un paraíso. Alberto nos cuenta que su padre fue parte de esos catequistas que trabajaron muy cerca de Ernesto Cardenal, el sacerdote-poeta-sandinista-ministro de cultura quien, en base a sus experiencias pastorales, escribió los célebres "Evangelios de Solentiname", donde campesinos y pescadores tomaban la palabra en las reflexiones comunitarias.
Ese mismo día, con José de nuevo, nos dirigimos en lancha hasta San Carlos, donde él vive con su mujer e hija, y gozamos de su hospitalidad por dos días.
Le pregunto por su trabajo. "Yo soy de Moyogalpa pero ya tengo varios años aquí" -comienza- "Al principio, quienes estábamos en una línea por la Teología de la Liberación no éramos bien vistos por la jerarquía, pero ahora nos toleran, sacerdotes y obispos nos ven como un mal menor ante el crecimiento imparable de las sectas, y aquí seguimos, sin mucho apoyo institucional pero sin muchas trabas tampoco. Siempre hay un buen número de católicos que desean integrar a su fe el compromiso social y ecológico. Además muchos de nosotros somos críticos con el actual gobierno y luchamos a nivel local por alternativas que le den algo de esperanza a la gente... allí vamos".
De regreso a Granada, pasamos por Masaya y observamos su volcán echando fumarolas, luego arribamos a la capital, Managua, sólo por una tarde porque nos han dicho que no es muy atractiva, y es verdad. Desde el terremoto de 1972, Managua no se ha reconstruido y parece que le falta alma, identidad de ciudad: mucha miseria, mugre, y por doquier grandes espectaculares con la foto de Ortega, anunciando "Una Nicaragua socialista, cristiana y solidaria" ¿Solidaria con quién?
Esa tarde visitamos un centro comercial en la capital nica, buscando algunos libros y preguntándonos qué queda de la revolución sandinista. de repente hay un zafarrancho. Policías arremeten contyra chicos de la calle que forzaron una tienda y se robaron ropa deportica y, de paso, hamburguesas de un McDonald's.
Al día siguiente, de madrugada, el autobús nos lleva hacia la parte norte del país, por las verdes montañas de lasSegovias y Palacagüina hasta Estelí, donde paramos para almorzar. Recuerdo esa ciudad, donde una comunidad marista nos acogió hace 22 años en aquel mi primer viaje, y recuerdo más vivamente a Ocotal, donde los contras castigaron con gran dureza tanto a la población civil campesina como los cafetales a punto para la cosecha.
Siento una profunda tristeza por Nicaragua: sus paisajes preciosos, su gente combativa y hospitalaria que fueron acosados por el imperio gringo primero, y traicionados más tarde por la corrupción y ambición de sus líderes.
Luego de cruzar otra frontera de nuevo, recorremos sólo 100 kms de territorio hondureño y paramos en Choluteca, pero no da tiempo más que para comer allí en un restaurantito en su arbolado "parque central". Apenas cruzamos Honduras de manera tangencial, pero no me olvido que esa empobrecida nación ha sufrido con saña últimamente debido a sus impresentables élites políticas: el presidente Zelaya, una especie de Fox versión bananera que también coqueteó con el poder indefinido, luego el sainete del congreso con el consiguiente golpe de estado, elecciones y una larga etcétera donde el pueblo pobre siempre pierde y no le queda más remedio que resignarse a su miseria o tratar de emigrar a Estados Unidos, con el añadido infierno de tener que cruzar México en el intento.
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