Tuesday, July 26, 2011

Guatemala

GUATEMALA NUNCA MAS: "MEMORIA, VERDAD Y ESPERANZA"

"Como quema el fuego el monte, como sopla el viento y quema,
Así queman las historias, ¡Ay, ay, de mi tierra!"

Miguel Angel Asturias (Premio Nobel de Literatura 1967)

Al llegar a la capital de Guatemala, procedentes de San Salvador, quienes seguimos esta ruta centroamericana recibimos un verdadero "baño de pueblo" al abordar uno de esos autobuses "polleros" donde colocan a tres pasajeros en cada asiento; pero el viaje desde la capital chapina hasta nuestro primer destino es corto, y el paisaje, como siempre, verde y frondoso. Arribamos a la Antigua, una ciudad bellísima tanto por la armonía de sus calles empedradas, casonas solariegas y monumentales iglesias, como por su dramático entorno: rodeada por tres impresionantes volcanes.
Antigua está llena de historia y tragedia: Fue sede de la capitanía general de Guatemala (dependiente de la Nueva España) en la época colonial, sufrió un temblor devastador en el siglo XVIII, del cual todavía se ven las imponentes ruinas de su catedral, en la cual está enterrado el célebre cronista Bernal Díaz del Castillo.
Su mercado de artesanías en una fiesta para los ojos por el brillante colorido de los fabulosos textiles mayas, y además la abundancia de turistas extranjeros imprime a la ciudad un cierto aire cosmopolita... Disfrutamos la belleza de Antigua (patrimonio mundial por la UNESCO) un par de días antes de proseguir hacia al Lago de Atitlán.

Con expectación llegamos a Panajachel, en las riberas de otra belleza difícil de describir: el Lago de Atltlán, considerado por muchos como uno de los más hermosos del mundo. Allí nos esperan Petul (Pedro) Quic y su esposa Mirna Yoc, ambos catequistas en la parroquia de Santiago Atitlán y también compañeros del reciente Encuentro de biblistas populares en Costa Rica.
Mirna y Petul son indígenas mayas como la gran mayoría de la pobración guatemalteca; ellos pertenecen a la etnia tzutuhil, una de las 22 en que se divide el tronco maya en esta nación centroamericana de 14 millones de almas y una superficie un poco mayor que la del estado de Oaxaca.
Como parte de mi peregrinación, ya me había preparado durante el viaje leyendo un libro que me impresionó: "Love in a fearful land", que narra la historia del padre Stan Rother, párroco por 13 años de la iglesia de Santiago, asesinado por grupos paramilitares en julio de 1980.
Cuando llegamos a la enorme atrio de la antigua parroquia, a Petul se le nublan los ojos cuando nos muestra la fachada del templo y nos comienza a contar la historia de Stanley Francis Rother.
"Yo no quiero a los gringos, pero este sacerdote era un santo. Vino de Oklahoma y trabajó con nuestro pueblo como nadie lo ha hecho jamás: nos enseñó eficientes técnicas agrícolas, construyó un hospital, tradujo a nuestra lengua el Nuevo Testamento y siempre trataba a nuestra gente con gran respeto y ternura" "Eran los años terribles -continúa Petul- de las matanzas de los soldados kaibiles, de los paramilitares que llegaban a media noche a nuestras aldeas y asesinaban brutalmente a catequistas y líderes comunitarios porque decían que eran "subversivos". Toda Guatemala sufrió esa pesadilla por muchos años... muchos murieron y otros huyeron hacia Chiapas y Campeche en México (Mario, el compañero campechano que vaja con nosotros, trabaja en un antiguo campamento de refugiados)." "El padre Stan no simpatizaba con la guerrilla tampoco, pero despertaba nuestra conciencia... primero mataron a diez catequistas, mi papá entre ellos, que era del grupo de los que traducían la biblia a nuestra lengua" Petul rompe en llanto y ya no puede continuar, lo abrazamos y entramos al templo para ver la tumba del sacerdote, Petul se sobrepone y nos dice que el padre Stan pudo haber huido porque era americano, pero en la época de mayor violencia decidió quedarse con su pueblo, pensando tal vez que por ser extranjero podría salvarse, pero no fue así.
"Su familia quería llevarse el cuerpo, pero los convencimos de que se quedara aquí"

"En esa época yo tenía 12 años pero me acuerdo bien", -termina Petul-. Dentro de la iglesia nos topamos con un grupo de católicos estadounidenses del estado de Michigan, que han conocido la historia del padre Stan y los catequistas mártires y vienen con respeto a visitar el lugar. Al salir de nuevo al atrio, el enorme volcán de San Pedro se alza imponente. Ante tanta belleza, me cuesta trabajo imaginar la violencia que asoló a Guatemala en esos años: fueron 200 mil muertos y muchísimos desplazados para nada, porque el país sigue sumido en la pobreza y la injusticia, y aunque la paz hace mucho que se firmó al igual que en el vecino El Salvador, el crimen común y el crimen organizado siguen azotando a la población.
Todavía en un año tan reciente como fue 1998, el obispo Juan Gerardi fue asesinado cuando se publicó el relato llamado Guatemala nunca más, Memoria, Verdad y Esperanza.

Pienso también en esos estadounidenses valientes que se pusieron al lado de quienes más sufrían las consecuencias de una política de exclusión y represión apoyada por su propio gobierno: "Los gringos son bobos" -me decía hace años una amiga chicana en Texas- "pero cuando abren los ojos y se dan cuenta de las cosas, son disciplinados, constantes, persistentes... nosotros los latinos nos quedamos en la palabrería, y ellos, por su pragmatismo innato, llegan a acciones efectivas y son capaces de dar la vida por sus ideales."

Nos despedimos de Petul, Mirna y otros catequistas en el pueblo ribereño de Santiago Atitlán, para continuar nuestro viaje hacia el oeste, a la diócesis de San Marcos, ya fronteriza con México. Allí nos espera un gran amigo mío, el obispo Alvaro Ramazzini, para mostrarnos cómo el proyecto de diócesis hermanas que me tocó comenzar hace diez años, ha dado frutos abundantes.
Todo empezó cuando estaba yo en Delaware como encargado de esa diócesis para la pastoral hispana. El entonces obispo Saltarelli me encargó, con motivo del Jubileo 2000, escoger una diócesis latinoamericana para establecer un "hermanamiento de solidaridad" entre católicos del "Norte" y el "Sur"...
No lo pensé mucho al elegir San Marcos, Guatemala, ya que en Delaware existe un gran número de indígenas mayas de la etnia mam prodecentes de allí, trabajando en las procesadoras de pollo, además había oído hablar de don Alvaro Ramazzini como obispo comprometido con los indígenas.

Lo que vi en San Marcos me sorprendió: una estación de radio en lengua mam, multitud de proyectos de regeneración de suelos y captación de agua de lluvia, invernaderos de tomates, proyectos de café orgánico y artesanías que operan bajo la premisa del "comercio justo", seis clínicas populares... un grupo de estudiantes de bachillerato de visita en la zona para saber a primera mano "por qué emigran los centroamericanos a nuestro país". Pero además existe lo que no se ve: salarios para agentes de pastoral que de otra forma sobrevivirían de manera precaria. En fin, la pequeña semilla ha germinado hasta convertirse en un gran árbol con 34 ramas, 34 proyectosexitosos donde los dólares de católicos solidarios del Norte han transformado la realidad de cientos de familias indígenas y, en muchos casos, han desembocado en proyectos autogestivos.

"Mira en lo que se ha convertido esto, Nacho" -me dice Alvaro- pero le recuerdo que, si bien yo puse la semilla, los dos comités tanto en Estados Unidos como aquí, han logrado llevar este gran hermanamiento a buen puerto.
Alvaro y miembros del Comité de Diócesis Hermanas me hacen prometer que volveré cada dos años para ir viendo se cerca como crece este gran "árbol de solidaridad".

Volvemos a Huehuetenago y, desde allí, al fin a la Mesilla, en la frontera con México. Los 86 kms que separan a Huehue de la frontera cruzan un paisaje de dramática belleza: un profundo cañon al fondo del cual corre un río embravecido, y a los lados, enormes montañas donde los campesinos han reemplazado al bosque con campos de maíz aquí y allá.
Es víspera del día de difuntos, y al destartalado autobús suben y bajan casi en cada curva, indígenas enfundados en sus abigarrados atuendos, portando enormes ramos de flores de sempasúchil a los panteones de sus seres queridos.
Y aunque todos hablan en armoniosa lengua maya y al mismo tiempo, no gritan, y apenas parece un susurro todo ese bullicio.

Me conmueve el rostro de las mujeres ancianas porque refleja una gran tristeza: ¿Cuántas cargas de leña han soportado? ¿Cuántos miles de tortillas han tenido que cocinar? ¿Cuántos golpes de sus parejas habrán tenido que sufrir? ¿Cuántos huipiles y blusas habrán tejido?

Llegamos por fin a la frontera con México y nos disponemos a entrar a Chiapas.
Han sido más de 30 días de intensas experiencias, nuevos amigos, impresiones imborrables, un mundo de nueva información para profesar poco a poco. Un nuevo privilegio de la vida el haber estado en estas benditas y sufridas tierras centroamericanas, nuestros vecinos del sureste...
"Mira Nacho", -me dice el amigo Mario- "En todo el viaje no sufrimos ningún incidente de robo y asalto, ¡Qué suerte!"
Le contesto: "Ojalá pudieran tener la misma suerte los centroamericanos que cruzan hacia el Norte atravesando México".
De regreso a nuestro país, me acuerdo que me espera dentro de poco un curso bíblico en región Mixteca de Oaxaca, pero eso será otra historia.

El Salvador

EL SALVADOR: LA MEMORIA DEL ARZOBISPO

"Patria chiquita mía, mi muchachita chula,
Ya verás que linda vas a ser cuando seas libre:
Bien peinadita, vestidito nuevo, zapatos bien lustrados,
Vas a ser bien hermosa, vas a ser grandota,
Patria chiquita mía".
Cutumay Camones (grupo folklórico).

Es es mi primer contacto con esta pequeña (superficie como el estado de Hidalgo) y superpoblada (7 millones de habitantes) república centroamericana, pero no es mi primer encuentro con salvadoreños, a quienes traté y admiré hace años en varios encuentros de comunidades latinas en Washington, DC, ciudad donde constituyen la mayoría entre los inmigrantes hispanos: gente emprendedora y hospitalaria de origen mestizo indígena-español...
Esta vez no viajan con nosotros compañeros del Encuentro bíblico de Costa Rica, pero nos esperan en sus casas dos simpáticas parejas que asistieron al mismo: Héctor y Lucía en San Vicente, y Vilma y Pablo, de San Salvador. Vengo aquí un poco en plan de peregrinación, pues más que ver volcanes, cafetales o lagos, me interesa conocer la UCA (Universidad CentroAmericana de San Salvador, jesuita) y la tumba de Mons. Romero, ambos sitios en la capital.

Héctor y Lucía nos acogen a los cinco mexicanos que llegamos a su casa, nos presentan a sus dos hijos adolescentes y nos cuentan su trabajo: ella es psicóloga y trabaja como consejera familiar, él es teólogo y labora con grupos bíblicos de adultos, ambos dentro de la estructura de su parroquia local. "Una de las labores más importantes que me toca hacer" -cuenta Lucía- "es trabajar con las personas mayores que sufren aún las secuelas de la terrible guerra civil que, como ustedes saben, asoló a nuestro pequeño país en los 70s y 80s, dejando un triste saldo de 70 mil muertos, más un sin número de desplazados internos y emigrantes; y en esta región oriental, la violencia fue mayor que en el resto del país".
Le pregunto si la violencia ha cesado del todo y me dice: "La guerra civil terminó formalmente en 1992, y por cierto la paz se firmó en México, pero la violencia no sólo no ha terminado, sino que se ha incrementado, debido a una combinación letal: las armas que quedaron allí, los ex-soldados y ex-guerrilleros que terminaron desempleados y se unieron a las temibles maras o pandillas, venidas de Los Angeles cuando los emigrantes comenzaron a regresa,r y a la falta de crecimiento de nuestra economía, que explica en parte la fuga de muchos jóvenes al crimen organizado..."

Luego de permanecer un día en San Vicente, nos enfilamos en el autobús, con nuestras mochilas, hacia la capital, y al entrar a ella por la parte este, una señora nos alerta: "Esa es la zona de maras, la más peligrosa de todas, la salvatrucha; ustedes son extranjeros, tengan mucho cuidado, vigilen sus cosas y traten de viajar siempre en taxi... son muy baratos y seguros".
Vilma y Pedro trabajan ambos en la UCA como maestros de psicología, viven cerca de la uni en una casa modesta pero acogedora y tienen también dos hijos adolescentes. Con ellos visitamos la UCA de San Salvador, tristemente célebre porque allí fueron asesinados seis sacerdotes jesuitas (entre ellos Ignacio Ellacuría), la cocinera y su hija, en noviembre de 1989.
La UCA tiene un campus no muy grande, pero bien cuidado, caminando por el mismo unas muchachas notan nuestro acento mexicano y nos preguntan si somos de la Ibero (DF) o del ITESO (Gdj), a lo que Mario el campechano, responde como ofendido:
"¡Nooo! Nosotros somos indígenas mayas de la Península de Yucatán".

Las chicas nos dicen que ellas vienen de Usulután, en el interior, y que una de las cosas que les gusta de su universidad es el sistema de becas, que abarca al 70% del alumnado: "Aquí pagamos $400 dólares al mes como máximo, y $40 dólares como mínimo", dice enfática una de ellas.
Con Vilma y Pablo visitamos el lugar del asesinato de los jesuitas, el Jardín de Rosas, luego vamos a la capilla y me llama la atención que el viacrucis allí tiene bosquejos de la masacre de los sacerdotes en sus 15 estaciones. El lugar impone y las lágrimas salen cuando Vilma nos va explicando los detalles... le pregunto por el nuevo gobierno del presidente Mauricio Funes, surgido del FMLN, la antigua gerrilla.
"Funes lleva dos años en el poder -nos dice- y lo único que se nota son cambios cosméticos: de hecho, este nuevo gobierno ya ha "canonizado" a los jesuitas y a Mons. Romero con discursos, avenidas y monumentos, pero las causas por las cuales ellos y muchos otros dieron su vida, siguen intactas".

"Las 14 familas de este país, tristemente famosas por cotrolar el 50% de la riqueza del país, siguen allí, manejando ya no sólo los cafetales y el ganado, sino la telefonía celular y los bancos" -agrega Pablo- "Para la jerarquía católica Mons. Romero es una figura incómoda porque fue incorruptible y puso en evidencia a la estructura, pero el nuevo gobierno de Funes ya lo ha elevado a los altares".
Al día siguiente, sin embargo, los dos taxistas que nos transportan son mucho más favorables al gobierno: "Es muy poco tiempo para pedir un cambio" -nos dice uno- "pero le aseguro que mis hijos ya reciben en la escuela desayunos gratuitos y uniformes escolares"... "Funes es un buen hombre -nos comenta más tarde otro taxista- pero el ala radical del FMLN está llena de trasnochados socialistas que piensan que estamos en los 70s y quieren poner el nuevo vino en odres viejos. Así no va, este es un mundo globalizado".
Según las encuestas, la mayoría del pueblo piensa como los taxistas y ven que las cosas en El Salvador, empiezan a cambiar, lentamente pero para bien: el 80% de la población aprueba la gestión del presidente.

El centro de la capital salvadoreña es un caos total, pues el ambulantaje lo domina todo. Uno puede encontrar desde un sofisticado teléfono celular hasta una iguana viva en esa inmensidad de puestos callejeros. Yo me dirijo a la catedral antes que mis compañeros, pues la parte más importante de mi peregrinación aquí, es visitar con calma la tumba de uno de mis más grandes héroes, Oscar Arnulfo Romero, el arzobispo asesinado en marzo de 1980, mientras celebraba misa en una capilla de hospital.
Llueve a cántaros y la cripta se abre hasta las 4 pm; mientras admiro la espaciosa catedral, un auténtico remanso de paz en medio del caótico centro de la ciudad. Por fin abren y me dirijo al austero mausoleo que se encuentra bajo el templo. Allí encuentro la tumba de San Romero de América.

No me considero lo que se dice un hombre de oración, y ya hace mucho tiempo perdí el respeto por la jerarquía católica en general (el solo nombre de jerarquía me da escalofríos), pero siempre sentí una profunda admiración por Romero, personaje más bien tímido y metido en su mundo de los libros al principio, quien en su no muy largo periodo de arzobispo sufrió una conversión radical, dejándose llevar por lo que veía del clamor de un pueblo masacrado.
Cuando llego no hay nadie en la cripta, y sin darme cuenta paso más de dos horas ante la tumba de Romero, "hablando" con él, haciéndole un sin fin de preguntas sobre su vida, sobre su conversión, sobre su caminar, sobre la incomprensión que tuvo que soportar por sus opciones valientes, incomprensión particularmente dolorosa entre muchos de sus "hermanos" obispos.

¿Qué tipo de presiones sufriste? ¿Qué te daba ánimos? ¿Cómo hacías para aguantar las amenazas de muerte? ¿De dónde agarraste tanta lucidez y valentía? ¿De dónde tomabas inspiración para tus sentidas homilías? ¿Qué te hizo finalmente caminar al lado de los pobres? ¿Cómo fueron tus últimos días?
Cuando finalmente salgo del lugar, mis compañeros apenas llegan... con cierta tristeza me digo a mí mismo que obispos así ya no hay. Durante el "reinado" (¡Vaya nombrecito!) de Juan pablo II y con sus nombramientos de conservadores, se fueron extinguiendo poco a poco los Hélder Cámara, los Angelelli, los Proaño, los Paulo Evaristo Arns... y ahora nos debatimos en la patética mediocridad de los sandovales, los onésimos o los riveracarrera...
Visitar la tumba de Oscar Arnulfo Romero ha sido para mí una experiencia poderosísima, pero hay que regresar a casa de nuestra pareja anfitriona, cenar unas ricas pupusas salvadoreñas con atole y partir, muy temprano, hacia nuestro último destino en este viaje: GUATEMALA.

Nicaragua

NICARAGUA: "SOCIALISTA, CRISTIANA Y SOLIDARIA"

"Ay Nicaragua, Nicaragüita, la flor más linda de mi querer
Mi pasión se enterró en el surco de tu querencia como un granito de maíz,
Ay Nicaragua, sos más dulcita que la mielita de Tamagás,
Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita, yo te quiero mucho más"
Carlos Mejía Godoy, cantautor

Al cruzar la aduana de Peñas Blancas desde Costa Rica hacia Nicaragua, un pequeño ejército de ambulantes nos asedia para vendernos productos chatarra o cambiar dólares, colones o córdobas. La espera para el sello de nuestros pasaportes se vuelve interminable y los pasajeros del TicaBus nos armamos de paciencia. Esto me da tiempo para recordar mi anterior viaje a este país hace ya muchos años, en 1988.
Eran tiempos muy difíciles. La guerra fría se libraba en América Central y Nicaragua sufría el asedio de los "contras", mercenarios apoyados por el gobierno de Reagan, quienes desde las vecinas Costa Rica y sobre todo Honduras, invadían, destruían cuanto encontraban a su paso y ponían en jaque a los sandinistas.
Yo había sido invitado por una delegación de Amnistía Internacional para observar y documentar esos terribles sucesos, pero quienes llevaban la iniciativa eran representantes de AI secciónes Holanda, Nueva Zelanda y Dinamarca. Sobra decir que lo que vimos fue terrible: escuelas y clínicas incendiadas, campesinos mutilados, campos de cultivo destruidos... al final nos entrevistamos con varios jefes de los "contras" y con el entonces y ahora presidente: Daniel Ortega.

Al comenzar nuestra ruta por tierras nicas, pronto aparece el paisaje majestuoso del enorme Lago Nicaragua y los conos perfectos de sus volcanes en la isla Ometepe. El paisaje es verde y lozano, los pueblitos, muy pobres, se suceden en la ribera del lago uno tras otro. Viajamos ocho compañeros en el autobús hacia Granada,entre ellos cuatro nicaragüenses del Encuentro bíblico en Costa Rica. A uno de ellos, José, le pregunto cuándo y por qué se jodió Nicaragua, luego de tantas expectativas en la revolución sandinista.
"Mira", - me dice muy formal- "La cosa nació jodida de por sí. Los gringos no dieron ninguna chance a la revolución para comenzar dignamente, y todo fue navegar contracorriente. Te puedo decir que Nicaragua se jodió por el asedio contras-yanquis al sandinismo, por la corrupción de los gobiernos que siguieron (Violeta Chamorro, Alemán) y por los muchos errores de los mismos sandinistas. Daniel Ortega ya no es el joven idealista de los 80s, sino un dictadorzuelo que se quiere perpetrar en el poder y que si continúa, es porque está apoyado por los petrodólares de Chávez y los cárteles del narco, esto desde tiempos de Escobar. Los padres Ernesto y Fernando cardenal, el entonces vicepresidente Sergio Ramírez y otros de sus excolegas, lo fueron abandonando poco a poco, decepcionados por las corruptelas de Ortega y sus secuaces. Todo mundo sabe que abusó de su hijastra, que hizo fraude en las pasadas elecciones y que cooptó a la jerarquía de la iglesia católica, con la que antes vivía en pleitos permanentes".

Entre escuhar la plática interesantísima de José y admirar el paisaje, llegamos a la hermosísima ciudad de Granada, donde dos de nuestros compañeros residen y trabajan. Granada vive del turismo extranjero; situada a orillas del gran lago, con sus calles empedradas y sus bellos edificios estilo colonial, esta ciudad encanta. Disfrutamos de la hospitalidad de nuestros compañeros granadinos por dos días, y luego nos embarcamos en el lago con José y Alberto, los otros dos nicas, para dirigirnos hasta el archipiélago de Solentiname, donde vive Alberto.
El paisaje es un paraíso. Alberto nos cuenta que su padre fue parte de esos catequistas que trabajaron muy cerca de Ernesto Cardenal, el sacerdote-poeta-sandinista-ministro de cultura quien, en base a sus experiencias pastorales, escribió los célebres "Evangelios de Solentiname", donde campesinos y pescadores tomaban la palabra en las reflexiones comunitarias.

Ese mismo día, con José de nuevo, nos dirigimos en lancha hasta San Carlos, donde él vive con su mujer e hija, y gozamos de su hospitalidad por dos días.
Le pregunto por su trabajo. "Yo soy de Moyogalpa pero ya tengo varios años aquí" -comienza- "Al principio, quienes estábamos en una línea por la Teología de la Liberación no éramos bien vistos por la jerarquía, pero ahora nos toleran, sacerdotes y obispos nos ven como un mal menor ante el crecimiento imparable de las sectas, y aquí seguimos, sin mucho apoyo institucional pero sin muchas trabas tampoco. Siempre hay un buen número de católicos que desean integrar a su fe el compromiso social y ecológico. Además muchos de nosotros somos críticos con el actual gobierno y luchamos a nivel local por alternativas que le den algo de esperanza a la gente... allí vamos".

De regreso a Granada, pasamos por Masaya y observamos su volcán echando fumarolas, luego arribamos a la capital, Managua, sólo por una tarde porque nos han dicho que no es muy atractiva, y es verdad. Desde el terremoto de 1972, Managua no se ha reconstruido y parece que le falta alma, identidad de ciudad: mucha miseria, mugre, y por doquier grandes espectaculares con la foto de Ortega, anunciando "Una Nicaragua socialista, cristiana y solidaria" ¿Solidaria con quién?
Esa tarde visitamos un centro comercial en la capital nica, buscando algunos libros y preguntándonos qué queda de la revolución sandinista. de repente hay un zafarrancho. Policías arremeten contyra chicos de la calle que forzaron una tienda y se robaron ropa deportica y, de paso, hamburguesas de un McDonald's.

Al día siguiente, de madrugada, el autobús nos lleva hacia la parte norte del país, por las verdes montañas de lasSegovias y Palacagüina hasta Estelí, donde paramos para almorzar. Recuerdo esa ciudad, donde una comunidad marista nos acogió hace 22 años en aquel mi primer viaje, y recuerdo más vivamente a Ocotal, donde los contras castigaron con gran dureza tanto a la población civil campesina como los cafetales a punto para la cosecha.

Siento una profunda tristeza por Nicaragua: sus paisajes preciosos, su gente combativa y hospitalaria que fueron acosados por el imperio gringo primero, y traicionados más tarde por la corrupción y ambición de sus líderes.
Luego de cruzar otra frontera de nuevo, recorremos sólo 100 kms de territorio hondureño y paramos en Choluteca, pero no da tiempo más que para comer allí en un restaurantito en su arbolado "parque central". Apenas cruzamos Honduras de manera tangencial, pero no me olvido que esa empobrecida nación ha sufrido con saña últimamente debido a sus impresentables élites políticas: el presidente Zelaya, una especie de Fox versión bananera que también coqueteó con el poder indefinido, luego el sainete del congreso con el consiguiente golpe de estado, elecciones y una larga etcétera donde el pueblo pobre siempre pierde y no le queda más remedio que resignarse a su miseria o tratar de emigrar a Estados Unidos, con el añadido infierno de tener que cruzar México en el intento.

Costa Rica

COSTA RICA: ¿LA SUIZA CENTROAMERICANA?

Si Bolívar resucitara, regresaría desilusionado a su tumba, comentamos al tener que sufrir los trámites en la frontera Panamá-Costa Rica. Es medianoche y llueve a cántaros (octubre es, nos dicen, el mes más lluvioso en América Central). ¿Por qué la América española no logró la unidad como la portuguesa (Brasil) o las 13 colonias (EE UU)? ¿Por qué este pequeño territorio en la cintura del continente no fue capaz siquiera de conformar un país de dimensiones decentes y acabó fragmentado en 6 diminutas repúblicas? ¿Por qué no prosperaron las Provincias Unidas de Centroamérica o, al fin, terminaron unidas a México definitivamente?
Luego de dos horas llegamos a la ciudad tica de San Isidro (50 mil habs), donde nos esperaría Alex, el compañero que nos hospedará en su casa para luego seguir juntos al Encuentro de biblistas. Pero llegamos a las 2 AM y nos da pena llamarlo a esas horas, por tanto decidimos dormir en la pequeña central de autobuses, un tanto incómodos y cansados. A las 6 AM llega Alex, molesto porque "no hubo confianza para llamarme, y aunque no nos conocemos aún, ¿Qué no somos hermanos?"

San Isidro es una ciudad limpia y atractiva que ha prosperado con el cultivo del café y el ecoturismo. La gente va y viene por las calles, bien vestida y hasta perfumada, no hay basura tirada por ningún lado ni moscas en los restaurantes... los ticos tienen otra actitud, otro nivel superior al de sus vecinos, y se nota.
El Encuentro de biblistas populares centroamericanos se lleva a cabo en el Parque Nacional Corcovado, y hasa allá nos dirigimos por una carretera sinuosa, atravesando campos perfectamente cultivados de caña, piña, plátanos y café, o ranchos ganaderos cuyas casas rurales parecen recién pintadas y lavadas; se nota por doquier un sentido del orden.
Al acercarnos al Océano Pacífico, la belleza de la selva tropical nos envuelve, y después de varias horas, llegamos al "ecolodge" donde se llevaría a cabo el Encuentro. Un lugar de belleza prístina difícil de describir, administrado por campesinos locales que reciben sobre todo a extranjeros, para quienes Costa Rica es un pequeño trozo del paraíso. Pero los diluvios continuos apenas dan tregua para admirar el paisaje: una floresta tropical situada en una de las áreas más lluviosas del continente americano.

Al Encuentro asistimos 35 personas que trabajamos con la biblia a nivel pueblo, y lo más rico de estos cuatro días sería en compartir las experiencias de cada quien, el aprender unos de otros y el tejer una nueva red de amigos. La mayoría somos católicos, pero hay unos cuantos bautistas del área caribeña de Centroamérica; son garífunas negros. Costa Rica está constituida sobre todo por "mestizos claros", como gustan llamarse ellos mismos, pero el componente africano es mayoritario en su costa atlántica.

Rumbo a San José, se unen a nuestra ruta varios compañeros más, que viajarán con nosotros, nos invitarán a conocer sus ciudades y países y se irán quedando por el camino... toda una aventura de amistad, toda una enciclopedia de conocimientos cuando nos explican las realidades locales y entendemos mejor lo que vemos en este apasionante itinerario.
Los cinco ticos del Encuentro nos dicen que desde 1948 Costa Rica abolió su ejército y desarrolló una vocación pacifista, volcada hacia la educación y la salud. Su economía ha sido tradicionalmente basada en productos "postre" como la de sus vecinos:
café, azúcar, frutas... pero las dos últimas décadas, el ecoturismo se ha catapultado como el éxito del país, por la cantidad de jubilados gringos y canadienses que llegan a quedarse, y los muchos más que vienen a visitar sus veititantos parques nacionales (la cuarta parte del territorio está protegida como reservas y parques naturales).

¿La Suiza de América Central? Wilmar, otro compañero tico, tiene sus reservas al respecto: "Ciertamente nuestro nivel es más alto que el de los países vecinos. Los salarios (y los costos) son mayores. Últimamante tenemos bastantes migrantes de Nicaragua, en el norte, que vienen a los campos a cortar café, en condiciones deplorables, o panañemos que se emplean en hoteles y restaurantes" "Hay actitudes de superioridad y racismo de los ticos hacia el resto de centroamericanos y eso está muy mal, además las administraciones pasadas tuvieron sus escándalos de corrupción, aunque aquí la impunidad también es menor".
"El turismo es una espada de dos filos -sigue diciendo Wilmar- pues por una parte hace ingresar divisas que nos llegan como nunca antes, pero se está volviendo masivo y eso pone presión a nuestros ecosistemas mismos, y provoca problemas graves como la proliferación de drogas y la prostitución infantil".

Subimos la Cordillera Central hacia San José: extensos pinares, fincas de vacas gordas, carreteras sin basura... "Aquí hasta el pasto crece derecho", me dice con su humor el simpático Mario, el campechano... Observo el paisaje y, en mis pensamientos, me pregunto por qué los costarricenses han logrado un país de pretensiones modestas, pero prosperidad para la mayoría; por qué la Oaxaca donde vivo, por ejemplo, con mayor territorio y menos habitantes, sigue postrada en el atraso, los paros y bloqueos, los pleitos entre pueblos vecinos, las corruptelas de caciques. Sí, ciertamente Costa Rica no es perfecta, pero deja en mí una impresión muy grata de que las cosas se pueden hacer bien.

Al llegar a San José, me doy cuenta de que la capital tica tiene sus bolsones de pobreza, pero aun éstos son más dignos que en otras partes. Visitamos la Avenida Central con su Teatro Nacional, Museo de Historia Natural, todo de proporciones modestas; en la catedral me encuentro un monumento a Juan Pablo II, que será repetitivo en todas las capitales de la región, y pienso: Muchos viajes, mucho dinero gastado, pero aún así las iglesias pentecostales crecen inconteniblemente por acá, en detrimento de los católicos, que padecemos aún la inercia de una estructura más pesada e inamovible. Bueno, los puntos de vista sí pueden cambiar entre papas: Woytila se refería a Maciel como modelo de la juventud, mientras que Ratzinger ya vio en él a un criminal sin escrúpulos...

Por la noche, aparece en las noticias la presidenta Laura Chinchilla, asegurando que los cárteles mexicanos de la droga ya están en este país y constituyen un problema grave. Me pregunto cómo van a lidiar los ticos con tamaño problema.
Continuamos nuestro viaje hacia el noroeste hasta la ganadera provincia de Guanacastle, donde empiezan a notarse los campos de maíz por doquier. Se empieza a dibujar, de manera difusa todavía, la frontera meridional de Mesoamérica; lo noto porque en nuestro último almuerzo en tierras ticas, nos sirven tortillas (¡por fin!) para acompañar el tradicional "moros y cristianos": arroz, frijoles y pátano frito.
Dentro de una hora, otra frontera para atravesar y después, Nicaragua.





Panama

1. PANAMÁ: ¡El Canal es nuestro!

"Vino del mar a trabajar en la selva y construir el canal...
al chino y al negro les pagaban en plata, al hombre blanco en oro,
pero la fiebre amarilla se llevó el alma de todos"
Rubén Blades, cantautor.

El pretexto para venir a Centroamérica es un encuentro de biblistas populares que organiza el DEI de Costa Rica. Con tiempo nos hemos comunicado los cuatro participantes mexicanos para coincidir en el aeropuerto de Panamá, y de allí iniciar un viaje como mochileros siguiendo la carretera panamericana (CA 1) por autobús, durmiendo en hoteles baratos país por país hasta llegar a México, los que podamos. Nos encontramos, pues, algunos con su pareja y otros solos, disponiéndonos a pasar unos días en esta nación istmeña antes de enfilarnos hacia Costa Rica. Pocos días, visita superficial en esta pequeña nación donde no tenemos contacto con nadie, pero sin embargo intentamos abrir los ojos y el corazón para desentrañar los paisajes y las gentes.

La primera impresión de ciudad de Panamá son los altos rascacielos que se elevan en el sector financiero y dan a esta capital una apariencia de pequeño Hong Kong. Los compañeros venimos de Campeche, Yucatán y Oaxaca, y nunca habíamos estado en estos lares, relativamente cercanos pero desconocidos hasta ahora. No conociendo a nadie por acá, decidimos hospedarnos en un hotelito del casco antiguo y, de repente, un cálido ambiente caribeño nos acoge: el calor húmedo, la gente mulata y bulliciosa, la música de salsa que sale de los radios de las casas en este sector de la capital que está en reconstrucción y recuerda a la Habana Vieja. Policías turísticos abundan por doquier y nos advierten que tengamos cuidado con los asaltos.

Dando un paseo por las calles, nos sorprende la variedad racial de Panamá, a mi gusto la capital más interesante de Centroamérica por lo mismo y por su ubicación a la orilla del Océano Pacífico. Los chinos controlan lavanderías y tiendas de abarrotes -nos dice un policía- los hindúes las agencias de coches, los árabes restaurantes, los gallegos mueblerías y, los judíos los bienes raíces... La construcción del Canal derivó en una variopinta inmigración hace casi cien años, y Panamá continúa siendo un centro del capital y del trabajo.
Este país es hechura de los gringos, quienes lo cercenaron de Colombia en 1903, para tener manos libres en la construcción del canal interoceánico, en torno al cual gira casi todo por acá. Un bonito museo muestra con detalle la historia del mismo, y me llama la atención la cantidad de gente que llegó de todas partes a trabajar en esta difícil empresa que se cobró miles de víctimas, sobre todo por la fiebre amarilla, y también cómo se fue forjando una identidad nacional, en torno precisamente del rechazo a la ocupación estadounidense del país.

Por las calles, inconfundibles por los multicolores trajes de sus mujeres, los indios kuna están presentes. No se habla mucho de ellos fuera, pero alguien nos dice luego que su provincia, Kuna Yala, es un ejemplo de autogobierno, logrando el éxito en el difícil balance de turismo y conservación de la propia cultura originaria.

Luego de un par de días rondando libremente por calles y museos, decidimos contratar un taxi para visitar los lugares más apartados. El taxista resulta ser un negrazo parecido a Mike Tyson, presumido y simpático. Nos dice que acaba de regresar de Madrid, donde trabajó de taxista y de "gigoló" por varios años. "Usté sabe" -nos decía en su rápido acento caribeño- "las españolas se mueren por los atributos de los negros y allí saqué mucho dinero; mi mujer lo sabía, pero había que ahorrar para construir la casa". Con Daniel, el taxista, visitamos las exclusas de Miraflores, las ruinas del Viejo Panamá, los barrios populares a donde le pedimos que nos llevara y el lugar donde fueron masacrados unos jóvenes universitarios el los 60s, mientras protestaban la ocupación extranjera de su territorio.

Durante la visita Daniel se hizo amigo nuestro y por la noche decidió invitarnos a cenar a su casa, con su mujer y sus dos hijas pequeñas. Vive en el barrio El Chorrillo, tristemente famoso por su marginación y por haber sido el más castigado durante la invasión de papáBush en 1989. Había que deshacerse de Noriega, el engendro incómodo creado por la CÍA que en un momento resultó inmanejable y corrupto de más. Con lágrimas en los ojos, Daniel dos cuenta que fue un bombardeo terrible, donde cientos de marines atacaron varias secciones de la capital en búsqueda de Noriega (quien se había refugiado en la embajada de El Vaticano), y en esa invasión murieron más de 200 civiles y quedaron destruidas las viviendas de decenas de miles de personas humildes. Él tenía 15 años entonces y perdió a su madre-

En el año 2000, el Canal pasó a manos panameñas y, contra todo pronóstico los locales lo han manejado con gran eficiencia, emprendiendo incluso un ambicioso proyecto de ampliación ya en marcha, que emplea a decenas de miles de trabajadores.
"Durante diez años el canal ha sido nuestro... ¿Lo es en realidad?" -nos dice el humilde mesero de un restaurante callejero en el barrio Río Abajo- "El canal nos deja una millonada diariamente, pero la élite es la que se enriquece, pues nosotros no vemos mejora en nuestras vidas. La presidencia Moscoso vivió obsesionada por traer a nuestra tierra el concurso Miss Universo, Martín Torrijos (hijo del célebre general) se vio envuelto en casos de corrupción, y ahora Martinelli, un rico empresario, sigue con la misma política de generar inversiones y riqueza, la cual se queda allá arriba y no nos baja a los pobres".

Busco sin éxito a José María Vigil, el editor de la Agenda Latinoamericana, quien sé que vive aquí, pero en su casa de los claretianos me dicen que anda fuera, precisamente promoviendo la edición 2011 de la agenda. Cenamos en el café "Coca Cola", precisamente en la mesa donde nos dicen comieron los hermanos Raúl y Fidel Castro con el Ché... "¿Dónde no anduvieron esos tipos?" Pregunta Mario, el simpático catequista maya de Campeche, que nos acompaña en este viaje.

Abordamos, luego de 5 días en Panamá, el autobús que nos lleva hacia Costa Rica rumbo al oeste, enmedio de selvas y verdes campos de piña y tabaco. Pasamos por la provincia de Veraguas, donde el infame conquistador Pedrárias Dávila hizo matanzas de indígenas hace casi cinco siglos. Por último, la provincia de Chiriquí nos alegra la vista con sus paisajes de montaña y pinos, para llegar finalmente al vecino Costa Rica.