Tuesday, July 26, 2011

El Salvador

EL SALVADOR: LA MEMORIA DEL ARZOBISPO

"Patria chiquita mía, mi muchachita chula,
Ya verás que linda vas a ser cuando seas libre:
Bien peinadita, vestidito nuevo, zapatos bien lustrados,
Vas a ser bien hermosa, vas a ser grandota,
Patria chiquita mía".
Cutumay Camones (grupo folklórico).

Es es mi primer contacto con esta pequeña (superficie como el estado de Hidalgo) y superpoblada (7 millones de habitantes) república centroamericana, pero no es mi primer encuentro con salvadoreños, a quienes traté y admiré hace años en varios encuentros de comunidades latinas en Washington, DC, ciudad donde constituyen la mayoría entre los inmigrantes hispanos: gente emprendedora y hospitalaria de origen mestizo indígena-español...
Esta vez no viajan con nosotros compañeros del Encuentro bíblico de Costa Rica, pero nos esperan en sus casas dos simpáticas parejas que asistieron al mismo: Héctor y Lucía en San Vicente, y Vilma y Pablo, de San Salvador. Vengo aquí un poco en plan de peregrinación, pues más que ver volcanes, cafetales o lagos, me interesa conocer la UCA (Universidad CentroAmericana de San Salvador, jesuita) y la tumba de Mons. Romero, ambos sitios en la capital.

Héctor y Lucía nos acogen a los cinco mexicanos que llegamos a su casa, nos presentan a sus dos hijos adolescentes y nos cuentan su trabajo: ella es psicóloga y trabaja como consejera familiar, él es teólogo y labora con grupos bíblicos de adultos, ambos dentro de la estructura de su parroquia local. "Una de las labores más importantes que me toca hacer" -cuenta Lucía- "es trabajar con las personas mayores que sufren aún las secuelas de la terrible guerra civil que, como ustedes saben, asoló a nuestro pequeño país en los 70s y 80s, dejando un triste saldo de 70 mil muertos, más un sin número de desplazados internos y emigrantes; y en esta región oriental, la violencia fue mayor que en el resto del país".
Le pregunto si la violencia ha cesado del todo y me dice: "La guerra civil terminó formalmente en 1992, y por cierto la paz se firmó en México, pero la violencia no sólo no ha terminado, sino que se ha incrementado, debido a una combinación letal: las armas que quedaron allí, los ex-soldados y ex-guerrilleros que terminaron desempleados y se unieron a las temibles maras o pandillas, venidas de Los Angeles cuando los emigrantes comenzaron a regresa,r y a la falta de crecimiento de nuestra economía, que explica en parte la fuga de muchos jóvenes al crimen organizado..."

Luego de permanecer un día en San Vicente, nos enfilamos en el autobús, con nuestras mochilas, hacia la capital, y al entrar a ella por la parte este, una señora nos alerta: "Esa es la zona de maras, la más peligrosa de todas, la salvatrucha; ustedes son extranjeros, tengan mucho cuidado, vigilen sus cosas y traten de viajar siempre en taxi... son muy baratos y seguros".
Vilma y Pedro trabajan ambos en la UCA como maestros de psicología, viven cerca de la uni en una casa modesta pero acogedora y tienen también dos hijos adolescentes. Con ellos visitamos la UCA de San Salvador, tristemente célebre porque allí fueron asesinados seis sacerdotes jesuitas (entre ellos Ignacio Ellacuría), la cocinera y su hija, en noviembre de 1989.
La UCA tiene un campus no muy grande, pero bien cuidado, caminando por el mismo unas muchachas notan nuestro acento mexicano y nos preguntan si somos de la Ibero (DF) o del ITESO (Gdj), a lo que Mario el campechano, responde como ofendido:
"¡Nooo! Nosotros somos indígenas mayas de la Península de Yucatán".

Las chicas nos dicen que ellas vienen de Usulután, en el interior, y que una de las cosas que les gusta de su universidad es el sistema de becas, que abarca al 70% del alumnado: "Aquí pagamos $400 dólares al mes como máximo, y $40 dólares como mínimo", dice enfática una de ellas.
Con Vilma y Pablo visitamos el lugar del asesinato de los jesuitas, el Jardín de Rosas, luego vamos a la capilla y me llama la atención que el viacrucis allí tiene bosquejos de la masacre de los sacerdotes en sus 15 estaciones. El lugar impone y las lágrimas salen cuando Vilma nos va explicando los detalles... le pregunto por el nuevo gobierno del presidente Mauricio Funes, surgido del FMLN, la antigua gerrilla.
"Funes lleva dos años en el poder -nos dice- y lo único que se nota son cambios cosméticos: de hecho, este nuevo gobierno ya ha "canonizado" a los jesuitas y a Mons. Romero con discursos, avenidas y monumentos, pero las causas por las cuales ellos y muchos otros dieron su vida, siguen intactas".

"Las 14 familas de este país, tristemente famosas por cotrolar el 50% de la riqueza del país, siguen allí, manejando ya no sólo los cafetales y el ganado, sino la telefonía celular y los bancos" -agrega Pablo- "Para la jerarquía católica Mons. Romero es una figura incómoda porque fue incorruptible y puso en evidencia a la estructura, pero el nuevo gobierno de Funes ya lo ha elevado a los altares".
Al día siguiente, sin embargo, los dos taxistas que nos transportan son mucho más favorables al gobierno: "Es muy poco tiempo para pedir un cambio" -nos dice uno- "pero le aseguro que mis hijos ya reciben en la escuela desayunos gratuitos y uniformes escolares"... "Funes es un buen hombre -nos comenta más tarde otro taxista- pero el ala radical del FMLN está llena de trasnochados socialistas que piensan que estamos en los 70s y quieren poner el nuevo vino en odres viejos. Así no va, este es un mundo globalizado".
Según las encuestas, la mayoría del pueblo piensa como los taxistas y ven que las cosas en El Salvador, empiezan a cambiar, lentamente pero para bien: el 80% de la población aprueba la gestión del presidente.

El centro de la capital salvadoreña es un caos total, pues el ambulantaje lo domina todo. Uno puede encontrar desde un sofisticado teléfono celular hasta una iguana viva en esa inmensidad de puestos callejeros. Yo me dirijo a la catedral antes que mis compañeros, pues la parte más importante de mi peregrinación aquí, es visitar con calma la tumba de uno de mis más grandes héroes, Oscar Arnulfo Romero, el arzobispo asesinado en marzo de 1980, mientras celebraba misa en una capilla de hospital.
Llueve a cántaros y la cripta se abre hasta las 4 pm; mientras admiro la espaciosa catedral, un auténtico remanso de paz en medio del caótico centro de la ciudad. Por fin abren y me dirijo al austero mausoleo que se encuentra bajo el templo. Allí encuentro la tumba de San Romero de América.

No me considero lo que se dice un hombre de oración, y ya hace mucho tiempo perdí el respeto por la jerarquía católica en general (el solo nombre de jerarquía me da escalofríos), pero siempre sentí una profunda admiración por Romero, personaje más bien tímido y metido en su mundo de los libros al principio, quien en su no muy largo periodo de arzobispo sufrió una conversión radical, dejándose llevar por lo que veía del clamor de un pueblo masacrado.
Cuando llego no hay nadie en la cripta, y sin darme cuenta paso más de dos horas ante la tumba de Romero, "hablando" con él, haciéndole un sin fin de preguntas sobre su vida, sobre su conversión, sobre su caminar, sobre la incomprensión que tuvo que soportar por sus opciones valientes, incomprensión particularmente dolorosa entre muchos de sus "hermanos" obispos.

¿Qué tipo de presiones sufriste? ¿Qué te daba ánimos? ¿Cómo hacías para aguantar las amenazas de muerte? ¿De dónde agarraste tanta lucidez y valentía? ¿De dónde tomabas inspiración para tus sentidas homilías? ¿Qué te hizo finalmente caminar al lado de los pobres? ¿Cómo fueron tus últimos días?
Cuando finalmente salgo del lugar, mis compañeros apenas llegan... con cierta tristeza me digo a mí mismo que obispos así ya no hay. Durante el "reinado" (¡Vaya nombrecito!) de Juan pablo II y con sus nombramientos de conservadores, se fueron extinguiendo poco a poco los Hélder Cámara, los Angelelli, los Proaño, los Paulo Evaristo Arns... y ahora nos debatimos en la patética mediocridad de los sandovales, los onésimos o los riveracarrera...
Visitar la tumba de Oscar Arnulfo Romero ha sido para mí una experiencia poderosísima, pero hay que regresar a casa de nuestra pareja anfitriona, cenar unas ricas pupusas salvadoreñas con atole y partir, muy temprano, hacia nuestro último destino en este viaje: GUATEMALA.

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